Yo les tengo miedo a los pobres, ¿y usted?
Crecí en el barrio La Mondiola, ahora Pocitos Nuevo. La casa de mis viejos estaba sobre la calle 26 de Marzo, que, hace un buen tiempo ya, tenía una vereda muy ancha, donde pasamos buena parte de nuestra infancia y temprana adolescencia los purretes del barrio. Porque la vida consistía básicamente, en ir a la escuela, regresar lo más rápido posible, hacer los deberes y, por fin, salir a jugar al fútbol en esa hermosa e inolvidable vereda. En la esquina de mi casa, Julio César y 26 de Marzo, había y hay una preciosa iglesia. Chiquita, sencilla, de ladrillo visto, la parroquia San Alejandro —además de recibir a los católicos de los alrededores, incluido el Saavedrerío— recibía todos los sábados a quien los gurises del barrio conocíamos como el Viejo de la Bolsa . Un veterano bien, bien pobre, que pedía monedas en una actitud muy pasiva, tratando de «no molestar» a la salida de la misa. Cuando ya no quedaba nadie, se sentaba recontratranquilo en una de las escaleras de la parroquia y la...