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Yo les tengo miedo a los pobres, ¿y usted?

Crecí en el barrio La Mondiola, ahora Pocitos Nuevo. La casa de mis viejos estaba sobre la calle 26 de Marzo, que, hace un buen tiempo ya, tenía una vereda muy ancha, donde pasamos buena parte de nuestra infancia y temprana adolescencia los purretes del barrio. Porque la vida consistía básicamente, en ir a la escuela, regresar lo más rápido posible, hacer los deberes y, por fin, salir a jugar al fútbol en esa hermosa e inolvidable vereda. En la esquina de mi casa, Julio César y 26 de Marzo, había y hay una preciosa iglesia. Chiquita, sencilla, de ladrillo visto, la parroquia San Alejandro —además de recibir a los católicos de los alrededores, incluido el Saavedrerío— recibía todos los sábados a quien los gurises del barrio conocíamos como el Viejo de la Bolsa . Un veterano bien, bien pobre, que pedía monedas en una actitud muy pasiva, tratando de «no molestar» a la salida de la misa. Cuando ya no quedaba nadie, se sentaba recontratranquilo en una de las escaleras de la parroquia y la...

Una izquierda equivocada, timorata, lenta y presumida

Alejado ya de muchos e intensos años de gestión en el sistema penitenciario y sus alrededores quiero compartir algunas reflexiones, emociones, sugerencias, a partir de lo vivido. Así que, puesto el cuore en  modo  autocrítica, paso a contarles. 1.     El lado equivocado de mi izquierda Es condición absolutamente necesaria (no suficiente) para construir un sistema penitenciario que funcione razonablemente bien  disminuir radicalmente  el número de presos que allí se alojan. Pensar en la prisión como dispositivo privilegiado, casi exclusivo, para disponer una pena justa y útil a la persona sancionada, dándole además la oportunidad de volver a la vida en comunidad con razonables chances de éxito   es tan equivocado, ingenuo, iluso y dañino como que los padres pensemos en la penitencia como dispositivo único para educar a nuestros hijos.  En buen romance: hay muchísimas personas privadas de libertad hoy (y todo parece indicar que las va a h...

De la brujería a la medicina: medir la reincidencia de los presos en Uruguay

Una linda mañana con los jóvenes talentosos de No toquen nada trajo a mi corazón y a mi cabeza un tema que vengo planteando públicamente toda vez que puedo desde 2016. Ni que decir tengo, vistos los años transcurridos, que el fracaso de mi prédica es estruendoso. Pero como  el éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo (dijo un sabio inglés), aquí voy de nuevo.  Desde hace mucho, mucho tiempo, autoridades ministeriales de todos los partidos, autoridades partidarias, legisladores, periodistas que informan sobre temas carcelarios, organizaciones de la sociedad civil, en fin, todo el que anda en la vuelta y algo de pito toca, o quiere tocar, señala con soltura envidiable la cifra de reincidencia en el sistema carcelario. Cito solo las que recuerdo haber leído o escuchado:  El sistema penitenciario tiene un 70 % de reincidencia. El sistema penitenciario tiene un 60 % de reincidencia. El sistema penitenciario tiene un 65 % de reincidencia. La reincide...

La pena de prisión: entre lo absurdo y lo deseable

Querida gente: hoy me doy el gusto y tengo el honor de publicar este artículo que mi querida amiga Cecilia Sánchez, ex Ministra de Justicia de Costa Rica, escribió especialmente para nosotros. Una hermosísima persona, llena de talento y compromiso democrático y humanista, nos hace pensar en estas líneas. Espero que lo disfruten tanto como yo. Jaime Saavedra Carácter represivo de la política criminal y sentido del castigo.   Hemos repetido incesantemente que los estados en nuestra región han venido asumiendo una propuesta de política criminal de corte muy represivo, que prioriza el encierro como respuesta a la infracción penal.   También hemos señalado que urge una reforma sustantiva que revierta esa tendencia y brinde un mínimo de racionalidad a la atribución concedida de ¨castigar¨.   Sin embargo, lo cierto es que el asunto va mucho más allá. Cuando señalamos que la potestad punitiva del Estado es la posibilidad de castigar, estamos partiendo, de un concepto cargado de...

Manual del perfecto frutillita

Una linda visita al despacho del senador Charles Carrera y un breve intercambio con su amable y muy trabajador equipo generó esta cuarta entrada. Paso a aburrirlos. Trataré de resumirlo de modo claro: se nos dice frutillitas a todos aquellos que en términos de seguridad y afines somos más proclives a creer en aquellas políticas y métodos inspirados en los principios de fraternidad, inclusión social, cuidado, cobijo y esperanza que en aquellos inspiradas en principios de represión, contención y segregación. Es decir, más del lado del amor y del abrazo que del mazo y de la porra. Obviamente, se nos dice frutillitas en sentido despectivo. En el mejor de los casos, como sinónimo de ingenuo . Pero la idea que se transmite es: «los principios y las prácticas que ustedes sostienen no van a solucionar el gigantesco mal que hay que enfrentar».  Sobre esta idea, por hoy solo señalaré lo siguiente. Lo que sí sabemos dolorosamente en nuestro país y en nuestra América es que las práctic...

Policía y seguridad penitenciaria (1)

Hace mucho, no sé cuánto, que todos o casi todos asociamos el orden y la seguridad a la presencia policial. Sin meterme en honduras muy sofisticadas, cuya importancia advierto, y a los solos efectos de presentar esta reflexión, defino el estado de orden y seguridad como aquel estado en donde las cosas transcurren como está previsto que transcurran y en el cual todas la personas que en él viven puedan estar tranquilas, sin tensiones injustificadas, sin miedo a ser agredidas o violentadas en ninguna dimensión. En nuestro imaginario, que tal estado sea posible requiere de la presencia policial de modos muy diversos. El sistema de cárceles no es ajeno a esta creencia ampliamente compartida. Psicológica, intelectual y emocionalmente quienes trabajan en el sistema, y el ciudadano común también, suscriben, casi sin pestañear, que es la policía la que garantiza el orden y la seguridad en los establecimientos penitenciarios.  Pero, querida gente, conviene que veamos este asunto con un p...

La zona franca del pobrerío: más allá de la obligatoriedad del trabajo penitenciario

Una feliz iniciativa, virtuosamente fundacional, de la senadora Carmen Sanguinetti del sector Ciudadanos del Partido Colorado, lleva mañana al Palacio Legislativo la discusión de un marco normativo que estimule fiscalmente a las empresas que apuesten por darles trabajo a las personas liberadas del sistema penitenciario.  En la medida de mis posibilidades he insistido mucho en estos últimos cuatro años sobre la importancia que tiene para nosotros como comunidad discutir este tema y otros conexos. Así que, muy feliz y esperanzado, comparto algunas reflexiones y aporto información aguardando que resulte de utilidad. Los sentidos del trabajo en las unidades penitenciarias Es intuitivamente entendible para cualquiera que nuestra vida debe tener un sentido. En el mundo adulto, para resumirlo y a sabiendas de que puede incorporarse alguna otra dimensión, y que la ponderación de cada una de ellas varía de persona a persona y de comunidad a comunidad, ese sentido se organiza...